dijous, 23 d’octubre del 2014

Capítulo 5: El centro

Los agentes nos ordenan que bajemos del tren. Cuando bajamos, tengo la sensación de que a Leah se le cae la baba. Está hipnotizada mirando las casas enormes, que parecen mansiones, la gente vestida con su ropa moderna y estrambótica y con sus altos tacones, casi tan altos como los enormes rascacielos. Tal y como su nombre indica, tengo la sensación de que en un momento u otro llegarán a rozar el cielo. Parecen infinitamente interminables. Seguimos a los agentes por las calles del centro, los enormes paseos y plazas llenas de tiendas y de gente. Estoy segura de que  jake le hubiera encantado ver tanto color. Comparadas con la única plaza que había en Laift, esto parece una maravilla, aquello parecía una ciudad abandonada. Vemos un enorme edificio altísimo, y nos sorprendemos cuando vemos que entramos en él. Parece que ese será nuestro edificio de entrenamiento.
Al cruzar por la puerta, todo el color que había en la calle se transforma en una gama de colores grises, blancos y negros, sobre todo negros. Todo parece tan pálido y frío… nada comparado con lo de ahí fuera. Un chico joven, de unos 20 años, se nos acerca, lentamente, intentando intimidarnos. Alan lo mira, con desprecio. Igual que yo miré a Brad la primera vez que lo vi. Empieza a hablar:
-Bienvenidos al edificio de entrenamiento de los profesionales. Me llamo Theo y voy a ser vuestro entrenador. Os dividiremos en tres grupos, conforme el pueblo del que venís. Los que seáis de Laif, entrenareis conmigo. Poneos en fila aquí.
Theo indica con el dedo una posición y yo, Leah, Alan y James nos colocamos en ella, junto con el resto de gente de mi pueblo. En unos segundos formamos una larga fila de personas en línea recta.
-Bien, os iré preguntando vuestro nombre y la edad, para asegurarme que estáis todos los que tenéis que estar. Conforme os vaya llamando, os tendréis que ir poniendo detrás de mí. Luego os acompañaré a las habitaciones.
Va llamando uno a uno, hasta que nos toca a nosotros.
-Nombre apellido y edad.
-James Lodcoaster, 17.
-Está bien, el siguiente.
-Leah Raven. 17.
Veo como Theo se queda mirando fijamente durante unos segundos los ojos de Leah, azules como el cielo. Los de Theo, en cambio, son de un marrón muy oscuro. Son muy diferentes. Ella es rubia, él tiene el pelo negro, como yo. Ella tiene los ojos azules, y él marrón oscuro, ella tiene 17 años y...él 20. The le dedica una sonrisa torcida a Leah, y ella se la devuelve, con su total naturalidad y simpatía.
-Pasa, Leah. Siguiente.
-Alan Butcher. 17, pero no sé para que quereis saber la edad, todos los que estamos aquí tenemos 17 años.
-Alan, ¿verdad? No queremos que se nos cuele nadie, Alan. Te recomendaría que dejases de hacer preguntas estúpidas y fuera de tu incumbencia y te preocuparas más por quedar de los primeros en la lista de clasificación.
Alan lo vuelve a mirar con desprecio. Pasa sin que Theo le dé ningún permiso y se coloca al lado de los demás. Cuando Theo está a punto de decir siguiente, veo cómo me mira y se le escapa una sonrisa maliciosa.
-¿Cómo te llamas?
-Kimberly Farrow.
-¿Y cuántos años tienes? Porque parece que tengas 14,¿seguro que no te has colado?
-Tengo 17 años. Y no me he colado. ¿Por qué querría hacerlo?
En todo este rato, cuando he dicho estas palabras, no he sonreído ni un momento. ¿Pero este que se cree? ¿Qué puede venir aquí y decirme que parezco una niña de 14 años? Cuando le digo eso, Theo cambia su sonrisa por una expresión seria.
-Hay muchos que lo intentan, créeme.
-No veo el porqué.
Y dicho esto avanzo hacia donde están Leah, James y Alan. La primera impresión que me ha dado Theo no es buena, es parecida a la que me ha dado Brad, que ahora mismo está sentado junto a la gente que se cree superior, y que tienen derecho a hacer lo que quieran cuando quieran. Theo acaba de tachar los nombres de la lista de los que tendríamos que estar aquí. Parece que estamos todos.
-Seguidme, os enseñaré las habitaciones.
Avanzamos todos por un pasillo bastante grande, hacia las habitaciones. Theo se para en medio del pasillo, provocando que todos paremos.
-A la derecha están las habitaciones de las chicas. A la izquierda la de los chicos. Ahí está la cafetería, y abajo la sala de entrenamiento, dónde tendréis que estar cada mañana a las 7:00. No podéis llegar ni un minuto tarde, os despertaremos a las 6:30 y os tiene que dar tiempo de ir a la cafetería a desayunar. A las 2:00 tenéis tiempo para comer, luego por la tarde tenéis tiempo libre, que si queréis aprovechar tendréis que usar para entrenar. Queda totalmente prohibido que vayáis a las habitaciones del sexo opuesto. En ese caso, seréis expulsados.
-¿Si nos expulsáis, podemos volver a casa?

-Parece que no entiendes la situación. Si os expulsamos, quiere decir que os expulsamos de los 3 distritos y del centro. No podréis volver nunca más. Ahora id a cambiaros. Empezaremos el entrenamiento en media hora.

dimecres, 22 d’octubre del 2014

Capítulo 4: Brad, Alan y Jason

Me fijo en que, todos los que vamos hacia el tren estamos asustados. De pronto se me acerca la chica rubia. No recuerdo haberla vista antes, seguramente iba a otra escuela. En este pueblo solo hay tres. Pero hay gente de mi edad que no iba a la escuela, como yo, por ejemplo. La tuve que dejar hace dos años para encargarme de Jake. La chica rubia me dice algo, pero estoy pensando y no escucho bien lo que dice.
-Perdona, que?
Se ríe. No entiendo el motivo, pero su sonrisa es preciosa. Me gustaría tener una sonrisa así. Su voz suena atrevida i segura.
-Te llamas Kimberly Farrow, verdad?
-Si
-Yo soy Leah Raven, para mis futuras amigas, solo Leah. Estoy muy nerviosa. No tengo ni idea de lo que nos harán hacer allí. Tu sabes algo?
-No
En realidad sí sabía, pero no quería decirle que quizás moríamos, porque me caía bien, y no quería que se preocupase. Ya lo sabrá cuando lo tenga que saber.
-Sólo respondes sí y no. Eres callada, verdad?
-Depende del momento. Ahora no sabría decir nada más.
-Porque no?
-Porque estoy asustada. Y cuando me asusto me quedo paralizada.
-Ah bueno, a mí a veces me pasa. Tranquila, no creo que esto sea tan malo. Por lo menos, si hago amigas no me sentiré tan sola, no crees?
Justo cuando estoy a punto de responderle aparece un chico alto, musculoso, de ojos y piel oscuros. Se acerca a nosotras y nos dice algo que hace que lo odie al instante:
-Eh, enanas, estáis preparadas para quedar en la última posición?
Leah me mira, i sonríe sarcásticamente.
-Este es Brad. El más creído de toda mi escuela. Espero que puedas soportarlo estos días.
Brad sonríe maliciosamente. No lo conozco, pero solo de verlo me parece una persona incomprensiva, arrogante y egoísta. No sé si se puede juzgar o no a una persona que no conoces, pero en este caso tenía claro como era él.
-¡Cómo se llama tu amiguita, Leah?
-Me llamo Kimberly.- Respondo fríamente. No tengo ganas de que un creído nos venga a molestar. No lo conozco de nada, ni tengo ganas de conocerlo.-
-¿Quieres que te de clases particulares de lucha? Porque si no…me parece que vas a quedar en el último lugar. Eres delgada, enana…eres débil.
-Perdona,¿ Brad, verdad? Te crees que tienes algún tipo de derecho a decirme que soy débil? ¿Y tú qué sabes, si soy débil o no lo soy? A demás, no te importa en qué lugar quede. Te sugiero que nos dejes en paz, y que si te aburres, conserves tus fuerzas sin hablar, no vaya a ser que luego te gane cuando luchemos.
-Mira, enana, lo que yo te sugiero es que cierres la boca y que no te interpongas entre mi objetivo. Voy a llegar a ser un profesional, es más, un entrenador, y nada ni nadie me lo va a impedir, y menos tú, y si lo haces, haré todo lo posible para que no puedas seguir compitiendo. ¿Queda claro?
No respondo. No tengo ganas de pelearme con nadie. Aún no hemos llegado al centro y no quiero andar buscando enemigos.
Subimos al tren. Leah y yo nos sentamos en el suelo, junto con dos chicos más que se nos acercan. Uno me suena de algo, pero no sé de qué. El otro se me queda mirando.
-¿Por qué me miras?
-Porque eres preciosa.
-¿Y eso te da derecho a mirarme sin ningún tipo de disimulo?
-¿Te hago sentir incomoda?-Sonríe. Posiblemente es una de las sonrisas más bonitas que he visto en mi vida.-
-Pues, un poco.  Ni si quiera sé cómo te llamas. Cuando yo me encuentro alguna cosa preciosa por la calle no me la quedo mirando. A demás, no estoy de acuerdo en lo de que soy preciosa.
-Me llamo Alan. Y sí, eres preciosa. Este de aquí es Jason, un compañero de la escuela.
-Encantada.-Responde Leah. Esta sonriendo, y se ha puesto muy roja. Me hace gracia verla así. Se me escapa una sonrisa, porque sé perfectamente por quien se ha puesto tan roja.-
-¿Sabes, Kimberly?
-¿El que, Alan?
-Tu sonrisa también es preciosa.
Ha hecho que me sonroje. Me giro hacia Leah y vuelvo a sonreír. No sé por qué, pero no quiero que vea que sonrío por esas simples palabras. Va a pensar que soy fácil, o cómo dijo antes Brad, débil. Lo último que quiero es que alguien piense que soy débil.  Eso no me daría muchos puntos para volver a casa.

Durante el viaje seguimos hablando con Alan y Jason. Me parecen simpáticos. Estamos contando cosas sobre nosotros cuando se acercan cinco agentes del presidente Hamilton.  El tren se para. Hemos llegado al centro.







Sorryy este capitulo es mas cortito:)) 

Capítulo 3: La despedida


No pensé que Jake pudiera llegar a estar tan asustado con la idea de que me fuese. En estos últimos días se ha mostrado un poco distante, sobre todo cuando le dije que ni él ni yo podríamos hacer nada para que no me fuese. Ahora, cada vez estoy más preocupada. No me quiero ir. Mañana por la mañana nos reunirán a todos en la plaza mayor del pueblo para llamarnos y llevarnos a todos los que tengamos 17 años, de aquí a los demás pueblos a recoger a los demás, y luego iremos al centro a comenzar a entrenar.
Esta noche no podré dormir, estaré todo el rato despierta, escuchando el más mínimo ruído para ver si Jake tiene una pesadilla y me necesita. Mañana lo tendré que despertar temprano para llevarlo a la plaza, dónde nos reuniremos con Taylor, y ella lo cuidará.
Mañana es martes, pero no tiene colegio, porque siempre les dan fiesta para que puedan despedir a sus hermanos cuando se tienen que ir. En realidad, no sirve de mucho, solo nos dan 5 minutos para despedirnos. Van pasando los minutos y no consigo dormirme, y si no lo hago mañana voy a estar demasiado cansada.
De repente suena el despertador. Son las seis. Parece que al final he conseguido dormir. Voy a la habitación de Jake y lo despierto. Le dejo la ropa preparada y le digo que se vista, que en una hora tenemos que ir a la plaza.
-Pero es muy temprano Kimberly…tengo mucho sueño.
-Lo sé, yo también tengo sueño, pero tenemos que ir. O acaso no quieres despedirte de mí?
-Pues claro que quiero! Pero no sé si podre, te voy a echar mucho de menos.
Se me escapa una lágrima. Me giro hacia otro lado para que no lo vea, no quiero que me vea llorar. Yo tampoco sé si podre despedirme de él, me va a costar.
Jake se empieza a vestir y yo voy a mi habitación y hago lo mismo. Me pongo unos pantalones vaqueros medio rotos, que son los que uso casi siempre. También me pongo una camiseta un poco desgastada, ancha, de manga larga y color gris, y una chaqueta que abriga poco, pero me sirve, de color negro. No suelo vestir con muchos colores, y la ropa que tenemos es vieja, más o menos como la de todo el mundo que vive aquí. Desayunamos en cinco minutos y salimos de casa rápidamente.
Fuera hace frío, mucho frío, y todo está oscuro, porque es temprano. Noto que Jake tiene frío.
-No has traído chaqueta?
-No, me la he dejado en casa.-me responde, con una vocecilla que apenas puedo oírla.-
-Ponte la mía.
Me quito mi chaqueta y se la doy. Ahora soy yo la que se está helando de frío, pero me da igual. Durante el resto del trayecto, caminamos en silencio, mirando al frente.
-Kimberly
De repente miro a mi hermano. Estaba tan concentrada pensando en que no me quería ir que me cuesta oírlo. Pero cuando me llama vuelvo en sí. Lo miro, con una mirada que pregunta: ¿Que pasa? Él la entiende al momento.
-Estas temblando. Si tienes frío, te puedo devolver la chaqueta, a mí no me importa, estaré…
-No. Quédatelo.
Le interrumpo antes de que quiera acabar la frase. En realidad, no estoy temblando de frío. Estoy temblando de miedo. De miedo por todo lo que me pueda pasar cuando llegue al centro, de miedo por no volver a ver a mi hermano o a Taylor.
Llegamos a la plaza mayor. Está llena de gente. Nos situamos entre la multitud. Hay una especie de escenario dónde hay un hombre y cuatro agentes que lo protegen. Son los profesionales. El hombre que hay, es el presidente Hamilton. Nos mira con desprecio. No le importamos nada, si le importáramos no viviríamos en las condiciones que vivimos, y ellos no serían tan sumamente ricos. Empieza a hablar por el micrófono:
-Buenos días, pueblo de Laift. Como ya sabéis, vengo a anunciar quienes serán los chicos y chicas de 17 años que vendrán con nosotros al centro, disfrutaran de todas las cosas buenas que hay ahí y tendrán el privilegio de entrenar para convertirse en mis protectores.
Privilegio. A mí no me parece un privilegio, a mi más bien me parece una desgracia, la gente no nos tendría que felicitar, tendrían que sentir pena. El presidente Hamilton continúa:
-Bien, empecemos…George Kindle.
Este sube al escenario y se coloca en una punta. A medida que van llamando a la gente, se tienen que colocar en filas. Llaman un montón de nombres. No presto atención, sólo presto atención a Jake cogiendo mi mano. La suya está cálida, la mía está helada. Posiblemente porque se me haya helado la sangre al escuchar mi nombre.
-Kimberly Farrow. Sube, bonita.
Intento moverme. Estoy bloqueada. Taylor, que está a mi lado, me da un empujoncito. Intento avanzar, pero Jake no suelta mi mano. Miro nuestras manos, y luego lo miro a los ojos. Él me mira con cara de pena. Yo estoy paralizada, mi mirada es inexpresiva. Finalmente él me suelta la mano. Avanzo lentamente hacia el escenario. Tengo miedo. No recuerdo haber tenido miedo desde que murieron mis padres, pero ahora lo tengo. La gente me mira. Siento que todo el mundo me observa.
Cuando por fin subo, Hamilton me pregunta algo:
-Bien, Kimberly Farrow… te ha costado un poco subir al escenario, hay alguien ahí abajo importante para ti?
-…sí. –Hablo tan bajo que creo que nadie me ha escuchado. Ni si quiera el presidente, que está a un metro de mí.
-Nos quieres contar quién ?
-Mi…hermano. Jake.
-Oh, esperamos que no te eche demasiado de menos estos años. Por favor, colócate al lado de Leah Raven.
Avanzo hacia dónde me indica Hamilton, al lado de esa tal Leah Raven. Ella es una chica rubia y delgada, pero con la piel más morena que la mía. Sus ojos son azules como el cielo. Contrastan con los míos, que son totalmente negros, un color poco común. Me mira y la miro. Es una mirada extraña. Es como si con los ojos me dijese: tranquila, yo tampoco quiero estar aquí. Me transmite una cierta confianza.
Cuando acaban de llamar todos los nombres de la lista de chicos y chicas del pueblo, nos dejan reunirnos cinco minutos justos con nuestra familia y luego nos hacen ir al tren.  Corro hacia Jake. Él me abraza con fuerza. No dice nada, en ese abrazo ya lo ha dicho todo. Luego miro a Taylor seriamente.
-Cuídalo.
-Lo haré, Kimberly.

Me la quedo mirando. Un minuto después, empiezo a caminar hacia el tren. Pero antes, me giro y veo como los dos se alejan de mí. Una lágrima me baja por la mejilla. Intento reprimir las demás. Yo no lloro, no tengo porque llorar, los voy a volver a ver. Me prometí a mí misma que los volvería a ver.

dilluns, 20 d’octubre del 2014

Capítulo 2: Taylor



Mientras recuerdo lo sucedido en los últimos años y me acuerdo de que hoy tengo que cazar algo sí o sí para Jake, porque no tenemos nada de comer, voy andando hacia el bosque.  En las afueras de Lait, nuestro pueblo, está el bosque en el que de vez en cuando consigo cazar algo. Siempre que voy, me acompaña alguien. Avanzo entre los árboles y las ramas, tranquila, ya que sé que Jake aún duerme, y que cómo es domingo, no tiene que ir a la escuela, y cuando despierte yo ya habré llegado. Me sobresalto cuando oigo un ruido de una rama que cruje.
-¿Taylor, estás aquí?
Veo cómo de detrás de un árbol sale una chica alta, rubia, de piel morena  y ojos marrones. Es Taylor. Taylor es muy amiga mía desde que nos mudamos a Lait. Cuando yo era una niña, ella me ayudó a cuidar de Jake cuando más lo necesitaba. Es 7 años mayor que yo, tiene 24 años. Nos daba ropa y sobretodo comida. Taylor es una experta cazando. Es muy buena con el arco y con los cuchillos. Desde hace unos años ella me enseña a cazar, para que si algún día le pasa algo, se tuviera que ir o no nos pudiera ayudar, yo supiera cómo conseguir comida. No es solo mi maestra de caza, es una amiga mayor que yo que me enseña cosas, me ayuda a ser mejor y me proporciona información que necesito para dentro de dos días, cuando nos llamaran a todos los adolescentes de 17 años y nos harán las pruebas para convertirnos en profesionales luchando. Taylor me contesta:
-Sí, soy yo. Preparada para cazar el mejor ciervo que hayas visto en tu vida?
Me mira y me sonríe. Yo le devuelvo la sonrisa.
-Preparadísima.
Nos acercamos sigilosamente al ciervo que antes había visto Taylor, y me hace una señal intentando decir que cuando ella diga ya, dispare. Mueve los labios lentamente: ya. Preparo la flecha y disparo rápidamente. Para mi sorpresa, le he dado al ciervo, y justo en el cuello. El animal aún se mueve y Taylor le lanza un cuchillo para dejarlo totalmente inmóvil.
-Buen trabajo, pequeña.
-Lo sé.-Me rio-
-Te he traído una sorpresa. La quieres ver?
-Claro.
Mientras nos dirigimos a una pradera llana, Taylor saca algo de la bolsa. No me lo puedo creer. Es lo que creo que es?
-Pastel de frambuesa! Hacía años que no lo comía. De dónde lo has sacado?
-De la pastelería.-Sonríe. Me encanta su sonrisa, se le nota un cierto brillo en sus enormes y preciosos ojos.- Ayer cacé un ciervo y le vendí la mitad al panadero a cambio de un poco de dinero y este pastel. Sé que te encanta.
-Oh dios mío, está delicioso. Muchas gracias.
-De nada, pequeña.
-Quería preguntarte una cosa. He estado bastante nerviosa estos últimos días. No hace falta que preguntes el porqué, sé que lo sabes. No quiero ir al centro a entrenar y mucho menos dejar solo a mi hermano. Pero me da miedo que me elijan como luchadora, y dentro de tres años me expulsen de este pueblo y no os pueda volver a ver nunca más. Existe esa posibilidad, verdad?
Silencio. Taylor mira en frente y no me contesta. En unos segundos se gira hacia mi y me mira directamente a los ojos.
-Las pruebas de iniciación son las más complicadas. Te hacen luchar cuerpo a cuerpo, aprender a cazar, a usar todo tipo de armas, a hacer redes y trampas… Al principio es muy estresante. Los agentes y los entrenadores te presionarán mucho. No les hagas caso, intentan que te asustes. En la fase de elección elijen a los 30 mejores, al principio hay como 100 personas, no creo que te elijan, tendrías que hacerlo muy bien. Intenta no destacar cómo la mejor, pero tampoco cómo la peor, tendrías que estar en un grado intermedio. De todos modos, hazlo lo mejor que puedas, dalo todo mientras luches, sino lo notaran.
-¿Y qué pasa si lo notan?¿ O si soy la mejor, o la peor clasificada?
-Si lo notan, con la excusa de que no te esfuerzas te matarán. Si eres la mejor, querrán que seas la mejor en absolutamente todo. Al final acabarás perdiendo la cabeza, y si te expulsan de los pueblos, eso no iría bien. Si eres la peor también te matan. Si al principio hay como 100 clasificados, los 30 mejores se convierten en profesionales, y de los otros 70, hay 20 que sobreviven y vuelven a sus casas y 50 que mueren por haber quedado los peores. Cada año varía la cifra de clasificados, pero nunca baja de 90. Los entrenadores son los más mayores de todos los luchadores, ellos tienen de 20 a 24 años y cuando acaban su vida cómo defensor de Hamilton, pueden vivir en el centro, junto con la gente rica y los agentes del presidente. Pueden llevar a 4 personas a vivir con ellos.
En ese momento me viene una idea a la cabeza.
-¿Ósea que, existe la posibilidad que si quedo de los mejores de los 30, pueda ser entrenadora y luego volver a ver a mi familia, y llevarme a 4 personas a vivir conmigo en el centro, dónde no nos tendremos que preocupar de nada?
-Exacto, eso es lo que todo el mundo intenta, pero solo 5 cada año lo consiguen. Te aconsejo que, si durante la primera semana ves que todo te va bien y eres de las mejores clasificadas, escojas esa opción. Podrías volver con Jake.
- Pero durante 3 años como mínimo no lo vería, no puedo alejarme tanto tiempo de él.
-Si eso es lo mejor para ti y para Jake, tienes que hacerlo. Al fin y al cabo, volverías a verlo. Y a mí también, y llevarías una vida mucho mejor.
En ese momento no sé qué pensar. Miro hacia la nada. Creo que Taylor nota que estoy preocupada. Ella siempre sabe cómo me siento. Es como mi hermana mayor.
-Kimberly, te prometo que durante el tiempo que estés en el centro, yo cuidaré de Jake. Me encargaré de que no le falte nada. No tendrás de que preocuparte, el vendrá a vivir conmigo a mi casa y estará bien. Te lo prometo.
Lo sabía. Ella siempre sabe lo que estoy pensando, y en este momento estaba preocupada por Jake. Lo único que puedo hacer es inclinarme hacia ella y darle un abrazo. Se preocupa por nosotros.  Si no me hubiera ayudado estos 7 años no sé qué hubiera hecho. La necesito. La necesito para que nos cuide, para que nos proteja, pero también la necesito porque la quiero, y necesito tener cerca a la gente a la que realmente quiero. Me ayudan a no sentirme sola. Me acuerdo que cuando tenía la edad de Jake, Taylor me prometió que siempre estaría a mi lado, y que nunca más volvería a estar sola. Desde ese momento se ganó mi confianza. Porque lo que menos quería en el mundo en ese momento era volver a sentirme sola, necesitaba a alguien que fuese cómo mi madre, alguien que supiese siempre lo que era lo mejor para mí, alguien que me aconsejara y que me quisiera, y Taylor ocupó ese papel en mi vida.
Al cabo de un rato volvemos a casa. Abro la puerta con cuidado de no hacer ruido, y efectivamente, cuando entro veo que Jake aún está dormido como un angelito. Me siento en su cama y le despierto suavemente.
-Jake, ya son las 10.00. Despierta, cariño. Voy a prepararte el desayuno.
Cuando estoy a punto de levantarme de su cama, Jake me coge del brazo.
-Kimberly, he tenido una pesadilla.
-Cuentame.
-Era martes, el día en que te vas al centro, y yo me despertaba y no estabas a mi lado. Te buscaba por toda la casa, y por el pueblo y no aparecías. Estaba solo, le hablaba a la gente que pasaba por la calle pero me ignoraban, era como si no existiera. No quiero que eso pase, no quiero que te vayas.
-Jake, no vas a estar solo, siempre voy a estar a tu lado. Dime, ¿qué quieres que te traiga cuando regrese?

-Te quiero a ti, quiero que vuelvas sonriendo como lo haces siempre.

diumenge, 19 d’octubre del 2014

Capítulo 1. Mi história

Me he despertado temprano, a las 5:00. Mi hermano aún está dormido. Cuando estoy a punto de salir de casa, veo como Lucy, la perra de mi hermano, me observa. La odio. Nunca me hace caso, siempre está estirada, mirándome con sus ojos amarillentos. Solo le hace caso a Jake. Le gruño y me devuelve el gruñido. Nunca entenderé a mi hermano, aunque solo tenga 11 años y todavía sea un niño.
La verdad, es que no quiero que crezca. No quiero que madure tan rápido como yo me vi obligada a hacerlo, no quiero que deje de ser mi pequeño soldadito valiente. No quiero que se aleje de mí, pero aún me da más miedo que nos separen, como nos separaron de mis padres. Jake solo tenía 4 años, yo tenía 10. Ahora tengo 17.

Mi madre era una persona dulce y sensible, amable con todo el mundo. Físicamente me parezco a ella. Tengo los ojos y el pelo negros como el carbón, la piel blanca como la leche y pecas por encima de las mejillas. Mi hermano también se parece a mamá en los ojos negros, pero en el pelo es igual que mi padre, rubio. Mi padre parecía un hombre más serio y frío, pero por dentro era tan dulce como mi madre. En eso me parezco a él.

Me acuerdo del momento en que mataron a mi padre. Mi madre estaba histérica, y Jake lloraba. Yo en cambio, estaba inmóvil. La sangre se me había helado, era incapaz de moverme o de decir nada. Sentía como si me faltase algo, algo que nunca recuperé. Se llevaron a mi madre, no sé dónde, y nunca la volvimos a ver. A Jake y a mí nos trajeron a este viejo y pobre pueblo dónde llevamos viviendo 7 años.

Desde ese momento mi vida cambió, me vi obligada a cuidar de mi hermano, a mantenerlo con vida. Cada dos meses, más o menos, conseguía cazar algo que luego vendía para comprar comida. No se me da bien cazar, se me da mejor cocinar, o comprar comida o ayudar a la gente a cambio de ropa, arroz, pan o cualquier cosa que nos sirva.

A veces, mi hermano me pregunta que porque mamá nos abandonó, o que si papá no nos quería y por eso se fue y no volvió. Yo le respondo que ellos nos querían mucho, que eran muy buenos, pero que no todo el mundo es bueno. A veces yo tampoco entiendo porque los mataron. No habían hecho nada. Pero había un grupo de gente que se rebeló contra el fundador de nuestro pueblo y de los otros 2 que hay alrededor, y  intentaron matar a todo el mundo que estuviese en su contra. Querían gobernar ellos, y lo consiguieron. Mataron al presidente, y uno de los hombres de ese grupo de rebelión se proclamó presidente. Desde entonces gobierna él, el presidente Hamilton. 

Desde ese momento las cosas cambiaron. Cada año, a todos los chicos y chicas de los 3 pueblos que tengan 17 años, nos hacen una especie de pruebas donde nos hacen luchar y nos entrenan para ver quiénes son los más fuertes, valientes y resistentes. De todo ese grupo de gente, escogen a 30 personas, las mejores, y las entrenan para que se conviertan en profesionales, o como yo los llamo, asesinos experimentados. Ellos se encargan, durante 3 años, de proteger al presidente Hamilton y de matar a cualquier persona que se le oponga. Pero lo peor no es eso, lo peor es que cuando pasan esos 3 años, ese grupo de 30 adolescentes, son expulsados de los 3 pueblos, y escogen a otros 30 luchadores año tras año, de modo que los que ya tienen 20 años, se tienen que ir, pero no son aceptados en los pueblos, y tienen que buscarse la vida en alguna parte. Yo creo que todos mueren. Puede que mueran de hambre, de pena, por no volver a ver a sus familias, o de desesperación, por estar perdidos en la nada.

Este año me toca a mí. Tengo 17 años, y tengo que ir a luchar para defender al presidente Hamilton. No quiero hacerlo, no quiero dejar solo a Jake. Pero si no lo hago, puede que me maten. A los peores clasificados, los asesinan. Hamilton cree que no sirven para nada. Pero yo no estoy de acuerdo. No quiero irme de este pueblo y dejar la vida que llevo, no porque, me guste, sino por Jake. Me da miedo que alguien pueda hacerle daño. Él es lo único que me importa, si lo mataran, ya no me quedaría nada, nada por lo que valiese la pena vivir. Estaría sola, y no quiero estar-lo, ya lo estuve hace 7 años, y no quiero que vuelva a ocurrir lo mismo.

Introducción a la novela

Lagrimas que se escapan es una novela de amor, de sentimientos, pero también de aventura y de emocion. Kimberly siente que tiene que proteger a su hermano, él es lo único que le queda, pero se ve obligada a dejarlo y a empezar una nueva vida, con gente nueva, costumbres nuevas y experiencias nuevas.