Me fijo en que,
todos los que vamos hacia el tren estamos asustados. De pronto se me acerca la
chica rubia. No recuerdo haberla vista antes, seguramente iba a otra escuela.
En este pueblo solo hay tres. Pero hay gente de mi edad que no iba a la
escuela, como yo, por ejemplo. La tuve que dejar hace dos años para encargarme
de Jake. La chica rubia me dice algo, pero estoy pensando y no escucho bien lo
que dice.
-Perdona, que?
Se ríe. No
entiendo el motivo, pero su sonrisa es preciosa. Me gustaría tener una sonrisa
así. Su voz suena atrevida i segura.
-Te llamas
Kimberly Farrow, verdad?
-Si
-Yo soy Leah
Raven, para mis futuras amigas, solo Leah. Estoy muy nerviosa. No tengo ni idea
de lo que nos harán hacer allí. Tu sabes algo?
-No
En realidad sí
sabía, pero no quería decirle que quizás moríamos, porque me caía bien, y no
quería que se preocupase. Ya lo sabrá cuando lo tenga que saber.
-Sólo respondes
sí y no. Eres callada, verdad?
-Depende del
momento. Ahora no sabría decir nada más.
-Porque no?
-Porque estoy asustada.
Y cuando me asusto me quedo paralizada.
-Ah bueno, a mí a
veces me pasa. Tranquila, no creo que esto sea tan malo. Por lo menos, si hago
amigas no me sentiré tan sola, no crees?
Justo cuando
estoy a punto de responderle aparece un chico alto, musculoso, de ojos y piel
oscuros. Se acerca a nosotras y nos dice algo que hace que lo odie al instante:
-Eh, enanas,
estáis preparadas para quedar en la última posición?
Leah me mira, i
sonríe sarcásticamente.
-Este es Brad. El
más creído de toda mi escuela. Espero que puedas soportarlo estos días.
Brad sonríe
maliciosamente. No lo conozco, pero solo de verlo me parece una persona
incomprensiva, arrogante y egoísta. No sé si se puede juzgar o no a una persona
que no conoces, pero en este caso tenía claro como era él.
-¡Cómo se llama
tu amiguita, Leah?
-Me llamo
Kimberly.- Respondo fríamente. No tengo ganas de que un creído nos venga a
molestar. No lo conozco de nada, ni tengo ganas de conocerlo.-
-¿Quieres que te
de clases particulares de lucha? Porque si no…me parece que vas a quedar en el
último lugar. Eres delgada, enana…eres débil.
-Perdona,¿ Brad,
verdad? Te crees que tienes algún tipo de derecho a decirme que soy débil? ¿Y
tú qué sabes, si soy débil o no lo soy? A demás, no te importa en qué lugar
quede. Te sugiero que nos dejes en paz, y que si te aburres, conserves tus
fuerzas sin hablar, no vaya a ser que luego te gane cuando luchemos.
-Mira, enana, lo
que yo te sugiero es que cierres la boca y que no te interpongas entre mi
objetivo. Voy a llegar a ser un profesional, es más, un entrenador, y nada ni
nadie me lo va a impedir, y menos tú, y si lo haces, haré todo lo posible para
que no puedas seguir compitiendo. ¿Queda claro?
No respondo. No
tengo ganas de pelearme con nadie. Aún no hemos llegado al centro y no quiero
andar buscando enemigos.
Subimos al tren.
Leah y yo nos sentamos en el suelo, junto con dos chicos más que se nos
acercan. Uno me suena de algo, pero no sé de qué. El otro se me queda mirando.
-¿Por qué me
miras?
-Porque eres
preciosa.
-¿Y eso te da
derecho a mirarme sin ningún tipo de disimulo?
-¿Te hago sentir
incomoda?-Sonríe. Posiblemente es una de las sonrisas más bonitas que he visto
en mi vida.-
-Pues, un
poco. Ni si quiera sé cómo te llamas.
Cuando yo me encuentro alguna cosa preciosa por la calle no me la quedo
mirando. A demás, no estoy de acuerdo en lo de que soy preciosa.
-Me llamo Alan. Y
sí, eres preciosa. Este de aquí es Jason, un compañero de la escuela.
-Encantada.-Responde
Leah. Esta sonriendo, y se ha puesto muy roja. Me hace gracia verla así. Se me
escapa una sonrisa, porque sé perfectamente por quien se ha puesto tan roja.-
-¿Sabes,
Kimberly?
-¿El que, Alan?
-Tu sonrisa
también es preciosa.
Ha hecho que me
sonroje. Me giro hacia Leah y vuelvo a sonreír. No sé por qué, pero no quiero
que vea que sonrío por esas simples palabras. Va a pensar que soy fácil, o cómo
dijo antes Brad, débil. Lo último que quiero es que alguien piense que soy
débil. Eso no me daría muchos puntos
para volver a casa.
Durante el viaje
seguimos hablando con Alan y Jason. Me parecen simpáticos. Estamos contando
cosas sobre nosotros cuando se acercan cinco agentes del presidente
Hamilton. El tren se para. Hemos llegado
al centro.
Sorryy este capitulo es mas cortito:))
Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada