dimecres, 22 d’octubre del 2014

Capítulo 3: La despedida


No pensé que Jake pudiera llegar a estar tan asustado con la idea de que me fuese. En estos últimos días se ha mostrado un poco distante, sobre todo cuando le dije que ni él ni yo podríamos hacer nada para que no me fuese. Ahora, cada vez estoy más preocupada. No me quiero ir. Mañana por la mañana nos reunirán a todos en la plaza mayor del pueblo para llamarnos y llevarnos a todos los que tengamos 17 años, de aquí a los demás pueblos a recoger a los demás, y luego iremos al centro a comenzar a entrenar.
Esta noche no podré dormir, estaré todo el rato despierta, escuchando el más mínimo ruído para ver si Jake tiene una pesadilla y me necesita. Mañana lo tendré que despertar temprano para llevarlo a la plaza, dónde nos reuniremos con Taylor, y ella lo cuidará.
Mañana es martes, pero no tiene colegio, porque siempre les dan fiesta para que puedan despedir a sus hermanos cuando se tienen que ir. En realidad, no sirve de mucho, solo nos dan 5 minutos para despedirnos. Van pasando los minutos y no consigo dormirme, y si no lo hago mañana voy a estar demasiado cansada.
De repente suena el despertador. Son las seis. Parece que al final he conseguido dormir. Voy a la habitación de Jake y lo despierto. Le dejo la ropa preparada y le digo que se vista, que en una hora tenemos que ir a la plaza.
-Pero es muy temprano Kimberly…tengo mucho sueño.
-Lo sé, yo también tengo sueño, pero tenemos que ir. O acaso no quieres despedirte de mí?
-Pues claro que quiero! Pero no sé si podre, te voy a echar mucho de menos.
Se me escapa una lágrima. Me giro hacia otro lado para que no lo vea, no quiero que me vea llorar. Yo tampoco sé si podre despedirme de él, me va a costar.
Jake se empieza a vestir y yo voy a mi habitación y hago lo mismo. Me pongo unos pantalones vaqueros medio rotos, que son los que uso casi siempre. También me pongo una camiseta un poco desgastada, ancha, de manga larga y color gris, y una chaqueta que abriga poco, pero me sirve, de color negro. No suelo vestir con muchos colores, y la ropa que tenemos es vieja, más o menos como la de todo el mundo que vive aquí. Desayunamos en cinco minutos y salimos de casa rápidamente.
Fuera hace frío, mucho frío, y todo está oscuro, porque es temprano. Noto que Jake tiene frío.
-No has traído chaqueta?
-No, me la he dejado en casa.-me responde, con una vocecilla que apenas puedo oírla.-
-Ponte la mía.
Me quito mi chaqueta y se la doy. Ahora soy yo la que se está helando de frío, pero me da igual. Durante el resto del trayecto, caminamos en silencio, mirando al frente.
-Kimberly
De repente miro a mi hermano. Estaba tan concentrada pensando en que no me quería ir que me cuesta oírlo. Pero cuando me llama vuelvo en sí. Lo miro, con una mirada que pregunta: ¿Que pasa? Él la entiende al momento.
-Estas temblando. Si tienes frío, te puedo devolver la chaqueta, a mí no me importa, estaré…
-No. Quédatelo.
Le interrumpo antes de que quiera acabar la frase. En realidad, no estoy temblando de frío. Estoy temblando de miedo. De miedo por todo lo que me pueda pasar cuando llegue al centro, de miedo por no volver a ver a mi hermano o a Taylor.
Llegamos a la plaza mayor. Está llena de gente. Nos situamos entre la multitud. Hay una especie de escenario dónde hay un hombre y cuatro agentes que lo protegen. Son los profesionales. El hombre que hay, es el presidente Hamilton. Nos mira con desprecio. No le importamos nada, si le importáramos no viviríamos en las condiciones que vivimos, y ellos no serían tan sumamente ricos. Empieza a hablar por el micrófono:
-Buenos días, pueblo de Laift. Como ya sabéis, vengo a anunciar quienes serán los chicos y chicas de 17 años que vendrán con nosotros al centro, disfrutaran de todas las cosas buenas que hay ahí y tendrán el privilegio de entrenar para convertirse en mis protectores.
Privilegio. A mí no me parece un privilegio, a mi más bien me parece una desgracia, la gente no nos tendría que felicitar, tendrían que sentir pena. El presidente Hamilton continúa:
-Bien, empecemos…George Kindle.
Este sube al escenario y se coloca en una punta. A medida que van llamando a la gente, se tienen que colocar en filas. Llaman un montón de nombres. No presto atención, sólo presto atención a Jake cogiendo mi mano. La suya está cálida, la mía está helada. Posiblemente porque se me haya helado la sangre al escuchar mi nombre.
-Kimberly Farrow. Sube, bonita.
Intento moverme. Estoy bloqueada. Taylor, que está a mi lado, me da un empujoncito. Intento avanzar, pero Jake no suelta mi mano. Miro nuestras manos, y luego lo miro a los ojos. Él me mira con cara de pena. Yo estoy paralizada, mi mirada es inexpresiva. Finalmente él me suelta la mano. Avanzo lentamente hacia el escenario. Tengo miedo. No recuerdo haber tenido miedo desde que murieron mis padres, pero ahora lo tengo. La gente me mira. Siento que todo el mundo me observa.
Cuando por fin subo, Hamilton me pregunta algo:
-Bien, Kimberly Farrow… te ha costado un poco subir al escenario, hay alguien ahí abajo importante para ti?
-…sí. –Hablo tan bajo que creo que nadie me ha escuchado. Ni si quiera el presidente, que está a un metro de mí.
-Nos quieres contar quién ?
-Mi…hermano. Jake.
-Oh, esperamos que no te eche demasiado de menos estos años. Por favor, colócate al lado de Leah Raven.
Avanzo hacia dónde me indica Hamilton, al lado de esa tal Leah Raven. Ella es una chica rubia y delgada, pero con la piel más morena que la mía. Sus ojos son azules como el cielo. Contrastan con los míos, que son totalmente negros, un color poco común. Me mira y la miro. Es una mirada extraña. Es como si con los ojos me dijese: tranquila, yo tampoco quiero estar aquí. Me transmite una cierta confianza.
Cuando acaban de llamar todos los nombres de la lista de chicos y chicas del pueblo, nos dejan reunirnos cinco minutos justos con nuestra familia y luego nos hacen ir al tren.  Corro hacia Jake. Él me abraza con fuerza. No dice nada, en ese abrazo ya lo ha dicho todo. Luego miro a Taylor seriamente.
-Cuídalo.
-Lo haré, Kimberly.

Me la quedo mirando. Un minuto después, empiezo a caminar hacia el tren. Pero antes, me giro y veo como los dos se alejan de mí. Una lágrima me baja por la mejilla. Intento reprimir las demás. Yo no lloro, no tengo porque llorar, los voy a volver a ver. Me prometí a mí misma que los volvería a ver.

Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada