Mientras recuerdo
lo sucedido en los últimos años y me acuerdo de que hoy tengo que cazar algo sí
o sí para Jake, porque no tenemos nada de comer, voy andando hacia el bosque. En las afueras de Lait, nuestro pueblo, está
el bosque en el que de vez en cuando consigo cazar algo. Siempre que voy, me
acompaña alguien. Avanzo entre los árboles y las ramas, tranquila, ya que sé
que Jake aún duerme, y que cómo es domingo, no tiene que ir a la escuela, y
cuando despierte yo ya habré llegado. Me sobresalto cuando oigo un ruido de una
rama que cruje.
-¿Taylor, estás
aquí?
Veo cómo de detrás
de un árbol sale una chica alta, rubia, de piel morena y ojos marrones. Es Taylor. Taylor es muy
amiga mía desde que nos mudamos a Lait. Cuando yo era una niña, ella me ayudó a
cuidar de Jake cuando más lo necesitaba. Es 7 años mayor que yo, tiene 24 años.
Nos daba ropa y sobretodo comida. Taylor es una experta cazando. Es muy buena
con el arco y con los cuchillos. Desde hace unos años ella me enseña a cazar,
para que si algún día le pasa algo, se tuviera que ir o no nos pudiera ayudar,
yo supiera cómo conseguir comida. No es solo mi maestra de caza, es una amiga
mayor que yo que me enseña cosas, me ayuda a ser mejor y me proporciona
información que necesito para dentro de dos días, cuando nos llamaran a todos
los adolescentes de 17 años y nos harán las pruebas para convertirnos en
profesionales luchando. Taylor me contesta:
-Sí, soy yo.
Preparada para cazar el mejor ciervo que hayas visto en tu vida?
Me mira y me
sonríe. Yo le devuelvo la sonrisa.
-Preparadísima.
Nos acercamos
sigilosamente al ciervo que antes había visto Taylor, y me hace una señal
intentando decir que cuando ella diga ya, dispare. Mueve los labios lentamente:
ya. Preparo la flecha y disparo rápidamente. Para mi sorpresa, le he dado al
ciervo, y justo en el cuello. El animal aún se mueve y Taylor le lanza un
cuchillo para dejarlo totalmente inmóvil.
-Buen trabajo,
pequeña.
-Lo sé.-Me rio-
-Te he traído una
sorpresa. La quieres ver?
-Claro.
Mientras nos
dirigimos a una pradera llana, Taylor saca algo de la bolsa. No me lo puedo
creer. Es lo que creo que es?
-Pastel de
frambuesa! Hacía años que no lo comía. De dónde lo has sacado?
-De la
pastelería.-Sonríe. Me encanta su sonrisa, se le nota un cierto brillo en sus
enormes y preciosos ojos.- Ayer cacé un ciervo y le vendí la mitad al panadero a cambio de
un poco de dinero y este pastel. Sé que te encanta.
-Oh dios mío,
está delicioso. Muchas gracias.
-De nada,
pequeña.
-Quería
preguntarte una cosa. He estado bastante nerviosa estos últimos días. No hace
falta que preguntes el porqué, sé que lo sabes. No quiero ir al centro a
entrenar y mucho menos dejar solo a mi hermano. Pero me da miedo que me elijan
como luchadora, y dentro de tres años me expulsen de este pueblo y no os pueda
volver a ver nunca más. Existe esa posibilidad, verdad?
Silencio. Taylor
mira en frente y no me contesta. En unos segundos se gira hacia mi y me mira
directamente a los ojos.
-Las pruebas de
iniciación son las más complicadas. Te hacen luchar cuerpo a cuerpo, aprender a
cazar, a usar todo tipo de armas, a hacer redes y trampas… Al principio es muy estresante.
Los agentes y los entrenadores te presionarán mucho. No les hagas caso,
intentan que te asustes. En la fase de elección elijen a los 30 mejores, al
principio hay como 100 personas, no creo que te elijan, tendrías que hacerlo
muy bien. Intenta no destacar cómo la mejor, pero tampoco cómo la peor,
tendrías que estar en un grado intermedio. De todos modos, hazlo lo mejor que
puedas, dalo todo mientras luches, sino lo notaran.
-¿Y qué pasa si
lo notan?¿ O si soy la mejor, o la peor clasificada?
-Si lo notan, con
la excusa de que no te esfuerzas te matarán. Si eres la mejor, querrán que seas
la mejor en absolutamente todo. Al final acabarás perdiendo la cabeza, y si te
expulsan de los pueblos, eso no iría bien. Si eres la peor también te matan. Si
al principio hay como 100 clasificados, los 30 mejores se convierten en
profesionales, y de los otros 70, hay 20 que sobreviven y vuelven a sus casas y
50 que mueren por haber quedado los peores. Cada año varía la cifra de
clasificados, pero nunca baja de 90. Los entrenadores son los más mayores de
todos los luchadores, ellos tienen de 20 a 24 años y cuando acaban su vida cómo
defensor de Hamilton, pueden vivir en el centro, junto con la gente rica y los
agentes del presidente. Pueden llevar a 4 personas a vivir con ellos.
En ese momento me
viene una idea a la cabeza.
-¿Ósea que,
existe la posibilidad que si quedo de los mejores de los 30, pueda ser
entrenadora y luego volver a ver a mi familia, y llevarme a 4 personas a vivir
conmigo en el centro, dónde no nos tendremos que preocupar de nada?
-Exacto, eso es
lo que todo el mundo intenta, pero solo 5 cada año lo consiguen. Te aconsejo
que, si durante la primera semana ves que todo te va bien y eres de las mejores
clasificadas, escojas esa opción. Podrías volver con Jake.
- Pero durante 3
años como mínimo no lo vería, no puedo alejarme tanto tiempo de él.
-Si eso es lo
mejor para ti y para Jake, tienes que hacerlo. Al fin y al cabo, volverías a
verlo. Y a mí también, y llevarías una vida mucho mejor.
En ese momento no
sé qué pensar. Miro hacia la nada. Creo que Taylor nota que estoy preocupada.
Ella siempre sabe cómo me siento. Es como mi hermana mayor.
-Kimberly, te
prometo que durante el tiempo que estés en el centro, yo cuidaré de Jake. Me
encargaré de que no le falte nada. No tendrás de que preocuparte, el vendrá a
vivir conmigo a mi casa y estará bien. Te lo prometo.
Lo sabía. Ella
siempre sabe lo que estoy pensando, y en este momento estaba preocupada por
Jake. Lo único que puedo hacer es inclinarme hacia ella y darle un abrazo. Se
preocupa por nosotros. Si no me hubiera
ayudado estos 7 años no sé qué hubiera hecho. La necesito. La necesito para que
nos cuide, para que nos proteja, pero también la necesito porque la quiero, y
necesito tener cerca a la gente a la que realmente quiero. Me ayudan a no
sentirme sola. Me acuerdo que cuando tenía la edad de Jake, Taylor me
prometió que siempre estaría a mi lado, y que nunca más volvería a estar sola. Desde
ese momento se ganó mi confianza. Porque lo que menos quería en el mundo en ese
momento era volver a sentirme sola, necesitaba a alguien que fuese cómo mi
madre, alguien que supiese siempre lo que era lo mejor para mí, alguien que me
aconsejara y que me quisiera, y Taylor ocupó ese papel en mi vida.
Al cabo de un
rato volvemos a casa. Abro la puerta con cuidado de no hacer ruido, y
efectivamente, cuando entro veo que Jake aún está dormido como un angelito. Me
siento en su cama y le despierto suavemente.
-Jake, ya son las
10.00. Despierta, cariño. Voy a prepararte el desayuno.
Cuando estoy a
punto de levantarme de su cama, Jake me coge del brazo.
-Kimberly, he
tenido una pesadilla.
-Cuentame.
-Era martes, el
día en que te vas al centro, y yo me despertaba y no estabas a mi lado. Te
buscaba por toda la casa, y por el pueblo y no aparecías. Estaba solo, le
hablaba a la gente que pasaba por la calle pero me ignoraban, era como si no
existiera. No quiero que eso pase, no quiero que te vayas.
-Jake, no vas a
estar solo, siempre voy a estar a tu lado. Dime, ¿qué quieres que te traiga
cuando regrese?
-Te quiero a ti,
quiero que vuelvas sonriendo como lo haces siempre.
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